lunes, 23 de noviembre de 2009

Untitled

La brisa de una tarde de Noviembre mueve las olas que se mezclan con pinceladas de colores y silencios aturdidores, de esos que retumban en los resquicios de la memoria hasta que el día ha llegado a su fin. Y, es que a veces el sol pareciera querer aferrarse a un cielo nublado de Noviembre y fundirse con las nubes arreboladas para destronar a la noche que reclama su turno, y el día se arrastra hora a hora como el reloj que llevo pintado en mi muñeca y cuyas manecillas se rehúsan a moverse un centímetro a la derecha.
Yo, como prófuga de esas engañosas fantasías que se reflejan en las olas de este mar de colores acrílicos, lanzo el cigarrillo a un lado y admiro sin pretensiones el abismo que se abre paso bajo mis pies, ese abismo de negro azabache que dibujaste con pinceles de brocha gorda y te olvidaste de enmarcar, para evitar que alguien cayese en sus profundidades.
Y es que ahora no sirven los marcos para retener mis pasos autómatas que se acercan sin cobardía al borde de tu abismo, porque buscan con premura el aroma agridulce de tu presencia, y llevan consigo una bandera blanca por si decides abrir la puerta una vez más.
Y estoy ya en el borde, justo donde mis dedos desnudos sienten vacilantes el frío agudo del vacío, cierro los ojos y extiendo los brazos, me despido de las olas de colores y los silencios revolucionarios, y de la vida que queda acorralada en un rincón del olvido, con un letrero de “Se Vende”, por si alguien se interesa en comprarla.
Pero no caigo, no me muevo ni un solo milímetro, porque tus brazos invisibles me retienen con firmeza a una superficie que no logro palpar. Y es tu rostro en lo más profundo de mi memoria lo que se enciende con luz taciturna, una marca indeleble como la cicatriz que remienda mi sonrisa, una bitácora grabada con fuego en el recoveco más interno de mi corazón de plomo, lo que me ata a un mundo de pinceladas en sepia que delinean las figuras de una historia imposible de borrar.
Y escucho lejos el tic-tac del reloj de mi muñeca, que ha empezado a moverse a pesar de que el cielo sigue estando inamovible, y marca los segundos al ritmo del chascar de tus dedos, que se transforman en un metrónomo fusionándose con el mío, y que controlan nuestro tiempo al ritmo de nuestros corazones, como un solo latir, un solo vivir, un solo morir.
La brisa de una tarde de Noviembre mueve las olas que se mezclan con pinceladas de colores y silencios aturdidores, de esos que retumban en los resquicios de la memoria hasta que el día ha llegado a su fin. Y entonces, tomaré un pincel de los tuyos y colorearé la noche que se acerca, y dormiré al pie de estos sueños que se funden con las olas, plantando la bandera blanca junto a mi lecho, como una invitación abierta por si decides regresar.

4 comentarios:

  1. a Liz le encantas.
    I el banner más.

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  2. Un abismo de corrientes alternas, taciturno y vacío, a veces mediocre, a veces amenazante. Se requiere valor, se deben tener muchas agallas. No decaigas y sostén tu bandera blanca un tiempo más; por si decide abrir.

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  3. me gusta mucho tu blog y tu forma de escribir! Te sigo! =)

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  4. Me encanta como escribes.
    Enorabuena por lo del foro y tu historia del príncipe azul :)
    Te sigo !

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